Del machete a la guadaña

Posteado en Anecdotario

Me duelen los riñones cuando observo trabajar a los indígenas, niños y hombres, con sus pesados machetes, segando la yerba y limpiando de matorrales la densa selva, inclinados durante horas para mortificación de sus lumbares. Por eso me he atrevido a introducir unas cuantas decenas de guadañas en algunos de los asentamientos, con cierta cautela. Puesto que he sido cocinero antes que fraile y labriego a la par que maestro, tengo una cierta pericia en el manejo de este instrumento. Así que les he dado un curso de capacitación en el manejo de la guadaña y en su correcto cabruñado, para mantener el filo en perfecto estado de corte. Me han observado con interés y asombro mientras ejercía de segador,  admirando la mayor eficiencia de la guadaña, en comparación con el machete. Los más atrevidos pronto me han pedido el instrumento… para hincar la punta en la tierra en los primeros intentos. Pero, poco a poco, han ido ganando en habilidad y han aprendido a mantener la hoja paralela al suelo. Estaban felices, con sus cuerpos erguidos y viendo humillarse la yerba recién cortada a su alrededor.

Viéndoles trabajar como un paisano asturiano, asidos a las novedosas guadañas, he reflexionado sobre eso que los eruditos llaman fusión de culturas. Hoy he sentido que algo de Asturias y algo de Guatemala se fundía bajo el sol inclemente de Centroamérica.